El precio a pagar por dejar el ejercicio es mayor de lo esperado, y puede ser un factor importante de mi sobrepeso y el de muchas  muchas personas en nuestra ciudad.
Particularmente a mi me gusta hacer ejercicio, de hecho aunque cada vez me queda menos tiempo para ejercitar mi cada vez más voluminosa anatomÃa – no es broma no me siento viejo, sino más pesado – solÃa correr todas la mañanas en una cancha de que era solo de tierra ubicada a pocas cuadras de mi casa en la Av. Los alpes, al costado de la ComisarÃa de Jorge Chavez del distrito de Paucarpata, puede sonar poco elaborado, pero a mi me resultaba más cómodo, por cuanto mi Test de Cooper (prueba para evaluar la condición fÃsica de una persona) lo iniciaba desde que salÃa de mi domicilio sorteando uno que otro can que a mi paso siempre ligero solÃa despertar a lo largo de mi recorrido, una vez que llegaba a la mencionada cancha casi siemrpe a las 4: 30 de la mañana, observaba el ingreso de muchas personas que al igual que yo se disponÃan a trotar todos en el mismo sentido, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo. Unos parecÃan estar compitiendo con el resto, mientras que otros preferÃan llevar su propio ritmo; asà conocà a Javier, Matilde, Mauricio, Jimena y tantos otros amigos a quienes nos reunÃa una simple actividad como es trotar.
Un dÃa encontré con cierto agrado que nuestra vieja cancha de tierra estaba siendo acondicionada – digo nuestra porque es nuestra, no mÃa, no de Javier, Matilde, Mauricio o Jimena; sino nuestra porque además de vecinos somos usuarios – le estaban colocando el grass que harÃa de nuestro empolvado deporte algo más oxigenado; era muy alentador saber que por lo menos ahora podrÃamos hacer algo más que una simple caminata al aire libre; quizás también algunos abdominales o el complemento que uno prefiera, en esa época yo era estudiante de medicina y me prestaba para dar algunos consejos adicionales para hacer del ejercicio algo más beneficioso.
Fue fatal en una ocasión encontrar que ahora nuestra cancha tenÃa rejas y por supuesto un enorme candado que me llevó muchos dÃas averiguar quien era el encargado del mismo; a pesar que pude ingresar al recinto a desarrollar mi acostumbrada rutina, parece que Javier y el resto de mis amigos no lograron diligencianrse a tiempo; el hecho es que el poco tiempo que uno puede dedicarle al deporte ahora se la pasa buscando al encargado del candado – que casi siempre es una persona muy mayor y antideportista – , y ver si es que su buen ánimo nos permite el ingreso al campo deportivo, además de lo que su alicaÃda economÃa pueda solicitar de nuestros bolsillos, asà el poco tiempo que nos queda para el deporte ahora se pierde en un ajetreo que no tiene ningún sentido.
Las autoridades que cerraron la canchas son las culpables de tanto sedentarismo y de tantos jóvenes que al ver imposibilitado su ingreso a los campos deportivos se pierden en el alcoholismo y luego en actividades delictivas, apoyar el deporte no es entrar a un campeonato y regar pelotas a los jugadores – siendo que ellos ya hacen deporte – ; apoyar al deporte es permitir que toda la población (no sólamente quienes tienen la llave) pueda permitirse de un espacio deportivo desde una simple caminata por las mañanas, hasta una actividad de competencia profesional.
No puedo creer que mi experciencia personal se haya repetido una y otra vez, en distintas personas y distintos campos deportivos, donde solo encontramos puertas cerradas, candados y cadenas, como si fuese un rotundo NO AL DEPORTE. No queremos más puertas cerradas, sino espacios deportivos capaces de captar a la juventud de nuestra localidad que tanto lo necesita.
Sabemos que el ejercicio es una de esas formas de mantenernos sanos y saludables, y de -incluso- sentirnos bien con nosotros mismos, que no nos sigan robando espacios.
Comentarios recientes